jueves, febrero 12, 2015

Iguala, contar la historia (II de III)


Una investigación bastante exitosa en un plazo razonable: de Ya me cansé a la verdad histórica de los hechos basada en las pruebas aportadas por la ciencia. La verdad oficial fue expuesta en dos conferencias de prensa por el Procurador General de la República Jesús Murillo Karam, la primera en la tarde del viernes 7 de noviembre de 2014 y la segunda en el mediodía del martes 27 de enero del presente año. Dichas conferencias se han caracterizado más por su estrategia de aprovechar los tiempos en la política que por la validez de los resultados de las investigaciones; como se trata de una narrativa hecha por el gobierno federal, se ha preferido dar “golpes mediáticos” para calmar la tensión en diversos sectores sociales antes que presentar pruebas consistentes. De una conferencia a otra pueden notarse contradicciones y las pruebas  presentadas ante la prensa (fragmentos de interrogatorios, reconstrucciones de los hechos, fotografías y videos de los hechos del 26 de septiembre) generan más dudas que certezas. Las dudas pertenecen a toda índole: la logística ¿Es posible quemar a tantos cuerpos humanos con los elementos señalados por los actores? ¿Es posible resistir las temperaturas tan elevadas por parte de los mismos actores? ¿Por qué los líderes de Guerreros Unidos no se deshicieron de sus sicarios, ya que sabían demasiado?; la narrativa ¿Es comprobable el hecho de que todo haya sido una terrible confusión? –pues los interrogados por la Procuraduría afirman que entre los estudiantes había infiltrados de un grupo rival (Los rojos) –y también ¿Hasta qué punto es soportable la difusión de esta narrativa cargada de horror?; finalmente, la duda que me genera mayor inquietud ¿Por qué esos hombres tienen tan poca conciencia del valor de una vida humana?

Entre la miseria y la violencia. Los reportajes que el periodista Esteban Illades ha publicado en la revista nexos quizá son los relatos más nítidos (por lo tanto, dolorosos) de lo que sucedió en Iguala y Cocula entre el viernes 26 y sábado 27 de septiembre de 2014. En “La noche más triste”, publicado el primer día del presente año, se encuentra una relación pormenorizada de cada acción importante llevada a cabo en las fechas arriba citadas. Su investigación está basada en las mismas fuentes que las de la PGR, además de las distintas notas periodísticas de la prensa nacional y en videos, su estilo es preciso y muy poderoso, aunque en cuanto al contenido, el reportaje de Illades genera las mismas dudas que en el caso de la narrativa oficial. La lectura de “La noche más triste” produce un enorme desasosiego y a la vez, es una fuente imprescindible para comprender la noche de Iguala porque sintetiza distintos testimonios y el resultado es la narración más completa hasta este momento de lo que ocurrió en esa fecha. El siguiente texto que publicó Illades en nexos sobre el tema, titulado “El tercer camino”, narra la trayectoria de Felipe Rodríguez Salgado (“El cepillo” o “El terco”, recientemente aprehendido) y describe los mecanismos de los grupos criminales en el estado de Guerrero –nuevamente, el texto parece una extensión de la versión oficial presentada por el procurador Murillo Karam.

Mírenme Apláudanme Síganme Retuitenme Quiéranme Denme doctorados honoris causa Porque... Me cae que... ¡ME DUELE MÉXICO! La serie de textos que publicó entre diciembre y enero en El Universal y Letras libres el escritor mexicano Guillermo Sheridan representan una nota de escepticismo: su duda es legítima y muy propositiva ¿cuáles son las vinculaciones políticas e ideológicas y su relación con las acciones que han llevado a cabo los normalistas de Ayotzinapa en los últimos años?  Esto resulta importante para comprender los antecedentes o posibles causas de lo ocurrido el 26 de septiembre, por lo menos desde el lado de los estudiantes de la Normal. El procedimiento que empleó fue el de investigar en fuentes hemerográficas (que no están exentas de críticas) para concluir con las preguntas o sospechas que le generaron al autor. El contenido de los textos de Sheridan puede ser criticado por tendencioso, sin embargo, proponen una perspectiva original para entender el perfil de los participantes en los sucesos de Iguala.
  
Boligán, El carpetazo imposible

Todo el país en un microcosmos. El semanario Proceso significa para el tema de Iguala una refutación necesaria frente a la versión oficial difundida por la PGR; las investigaciones que ha publicado aportan una perspectiva distinta a la versión oficial y, sobre todo, una recepción altamente crítica ante los comunicados oficiales. Si bien los reportajes que se han publicado ahí son susceptibles de comprobación, su narrativa ha despertado menos dudas entre los comentaristas –dudas válidas, porque se ha intentado desacreditar sus investigaciones basándose en falacias. La duda principal acerca de la postura editorial proviene de la tesis que más han defendido los periodistas de este semanario: si se acepta oficialmente que en los hechos de Iguala participaron la Policía Federal y el Ejército ¿en el fondo cuáles serán las consecuencias de la culpabilidad de estas instituciones? ¿Finalmente habrá justicia si son castigados los implicados en este caso? 
Reportajes de Proceso:
Anabel Hernández y Steve Fisher, "Iguala. La historia no oficial".
Marcela Turati, "Los hechos vuelven ceniza la versión de la PGR".
Anabel Hernández y Steve Fisher, "La investigación de la PGR encubre al ejército".
Marcela Turati, "Las huellas de los militares" y "San Fernando-Ayontzinapa: las similitudes".
Héctor Tajonar, "Basta de puestas en escena".
Sabina Berman, "Si no ahora, ¿cuándo?".



En el imaginario popular guerrerense algunas matanzas han sido el momento fundacional de proyectos político-militares. Luis Hernández Navarro es el editor de la sección de Opinión del diario La Jornada y ha dedicado varios artículos a los sucesos de Iguala casi inmediatamente después de que éstos ocurrieron en septiembre pasado. Igual que en Proceso, sus opiniones se dirigen en sentido contrario a lo reportado por el gobierno federal y otros medios, cuestionando sus versiones y contrastándolas con lo publicado por ese diario. La importancia de sus textos se encuentra en que su seguimiento ha sido constante y ha aportado pruebas conforme han avanzado las investigaciones periodísticas –por este motivo, son visibles algunas contradicciones. En cuanto a la relevancia histórica que tienen sus textos, puede decirse que son quizá el testimonio del personaje que encabeza la línea editorial más visiblemente opuesta a lo que se ha dicho del mismo tema en la mayoría de los medios y por parte del gobierno.  
Artículos de Luis Hernández Navarro, en La Jornada:
"Ayotzinapa y la matanza de Iguala"
"Ayotzinapa, entre el dolor y la esperanza"
"La matanza de Iguala y el ejército"
"Ayotzinapa, Innsbruck y las maniobras gubernamentales"   


lunes, enero 26, 2015

Iguala, contar la historia (I de III)


Lo que ocurrió la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero ha sido interpretado y explicado de diversas maneras; han expresado su versión los mismos actores, periodistas y otros analistas de la vida nacional. Las consecuencias de esos hechos también han alcanzado múltiples destinos: movilización social y expresiones artísticas, indignación y suspicacia. Reconozco que lo ocurrido en esa fecha es de suyo delicado, mi intención en esta serie de entradas es recuperar algunas de las explicaciones más relevantes que se han dado a aquella noche de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero más seis muertos, versiones que constituyen la definición de un hecho que sin duda marcará el porvenir de nuestro país; mi objetivo es analizar las distintas narraciones acerca de estos sucesos, y por qué los autores perfilan su trascendencia histórica –y cómo es que interpretan el mismo hecho para sus propios fines. Basaré dicho análisis mayormente en fuentes periodísticas, especialmente en artículos editoriales porque aquí se presenta una interpretación más evidente que en las notas. Espero que los textos sean útiles para la reflexión de quien los lee –las críticas y los comentarios son bienvenidos.
Descarto de entrada a ciertos autores por su obvia tendencia a dar explicaciones falsas o risibles: nombres como el de Ricardo Alemán, Pablo Hiriart, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva o Gil Gamés (Rafael Pérez Gay) sólo contribuyen a dar una lectura limitada de estos hechos. Sus columnas periodísticas sólo tienen intención de servir a groseros intereses políticos muy inmediatos, no sirven para explicar la coyuntura.

Una secuencia de acontecimientos no tanto inexplicables como inexplicados. Las reflexiones de Marcelino Perelló, representante estudiantil ante el CNH en el movimiento de 1968 y columnista en Excélsior además de ser titular del programa de Radio UNAM titulado Sentido contrario, parten de la duda; la primera pregunta que es necesario responder es ¿por qué? O sea, el motivo de lo que ocurrió el 26 de septiembre. En mi opinión, su versión resulta interesante pero es altamente especulativa, sin presentar pruebas para sus argumentos. Trataré de resumir los puntos fundamentales expresados por Perelló: las manifestaciones en favor de la presentación con vida de los normalistas de Ayotzinapa son en realidad parte de una serie de acontecimientos para desprestigiar la administración de Peña Nieto, como respuesta a las diversas reformas impulsadas desde el inicio de su gobierno –tal cadena iniciaría con el estreno de la película La dictadura perfecta y los lamentables sucesos de Tlatlaya y llegaría hasta el presente, con la publicación de reportajes en la prensa norteamericana que revelan la existencia de contratistas favorecidos por el mismo Peña en varios momentos de su etapa como gobernador y como presidente.
Según Perelló, quienes han motivado tal descrédito (más los señalamientos de corrupción, ingobernabilidad e infiltración del crimen organizado en las autoridades) serían poderosas expresas que no hayan obtenido beneficios tras las reformas de telecomunicaciones y energéticos. O bien, que las provocaciones hacia la UNAM, al ejército y las instituciones del Estado mexicano sean orquestadas desde dentro del mismo Estado y quienes promuevan esto buscan posicionarse dentro del gobierno próximamente –sería, en este caso y con sus mismas palabras, un afán “golpista”. El tema de Ayotzinapa sería, a decir de Perelló, el hecho más importante de ese proceso de reacciones ante las reformas aprobadas en los últimos dos años, pero también el más contradictorio en sus explicaciones.

viernes, enero 23, 2015

Cine para la época de las redes sociales


A diferencia de The social network (David Fincher, 2010) que me pareció una película aburrida pero narra el origen del poder y la conducta de Mark Zuckerberg –creador de Facebook–, me parece que Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (Alejandro González Iñáriitu, 2014) enriquece formalmente y lleva a un nivel más complejo la relación entre la narrativa cinematográfica y el fenómeno actual de la interacción en redes sociales electrónicas, especialmente Twitter para este caso.
Pienso que el aspecto formal de Birdman es su rasgo definitivo, que la hará trascender en el futuro. Lo que encierra el nombre técnico de falso plano-secuencia puede explicarse de manera sencilla por el concepto de duración: la historia que se cuenta se desarrolla en cuatro o cinco días en la vida de los personajes, pero para nuestra mirada dura cerca de 120 minutos, aparentemente  sin cortes, todo en continuidad. Para mí, esto se asemeja a la experiencia de estar en Twitter porque ahí todos los contenidos se presentan ligados (notas periodísticas, citas, fotografías, diálogos o interacciones) y aunque cada uno de estos sea generado independientemente, de nuevo, nuestra mirada concatena esa dispersión para uniformarlos, además de que todo forma parte de un mismo sitio, ocurre dentro de la misma página. Aparte, no me parece sólo una consecuencia que tanto el título de la película como Twitter aludan a las aves.

(Vía)

Birdman es también una película sobre la actuación. El protagonista Riggan Thomson (interpretado por Michael Keaton), actor venido a menos, intenta presentar en Broadway su adaptación del cuento de Raymond Carver “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, esto contribuye a dar profundidad a la película porque existe una enorme tensión entre los hechos de la “vida real” (el peso del pasado y la fama del protagonista), los ensayos y la puesta en escena ante un público de críticos y especialistas.

La reflexión, por supuesto, no se limita al ámbito cinematográfico o teatral; la voz de Birdman, el personaje emblemático detrás de Thomson, lo persuade de su importancia, de sus posibilidades y de su poder –es decir, la voz que sólo se escucha dentro de su conciencia es lo que determina al mismo tiempo sus preocupaciones y sus decisiones. Sintetizo ambos temas, las redes sociales y la actuación: tal vez Birdman se refiera a la voz que escuchamos en nuestro interior y que nos motive a actuar ante un público aparente o real (nuestros seguidores) donde representamos un papel y es necesario mostrar nuestras virtudes y mantener el interés o entretenimiento ante los demás; de ese modo, nuestras vidas se han convertido en un acto teatral.

martes, enero 20, 2015

Dónde aprendimos a leer


I wrote this book and learn to read. 
-William Faulkner, Introducción a The sound and the fury

Ricardo Piglia citó la frase de Faulkner para cerrar su libro de ensayos titulado Formas breves y parafraseó sus palabras para afirmar que escribir ficción le ayudó a leer mejor a sus maestros (los escritores argentinos Roberto Arlt, Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges, principalmente). A su vez, Faulkner, en el texto citado, dijo que aprendió a leer y jamás tuvo necesidad de descubrir cosas nuevas, todo lo que había que aprender estaba en Flaubert, en Dostoievski y en James. No intento ponerme a la altura de dos escritores excelentes como Piglia y Faulkner, pero coincido  con ellos en que escribir permite valorar a un texto desde una perspectiva más completa –el objetivo, se entiende, es escribir con claridad, o mejor, con responsabilidad.
(Vía)
Como generación, acaso tengamos dos raíces en materia de lecturas: los libros de lectura de la SEP y las revistas musicales –supongo que no todos tuvimos la oportunidad de tener libros ni preocuparnos por los clásicos de la literatura universal en nuestra infancia. En primer lugar, la experiencia de los libros de lectura fue importante para haber visto, por primera vez al menos, nombres como Rulfo, Arreola, Cortázar, Ibargüengoitia o Gorostiza y relacionar al español con la belleza. En cambio, las revistas musicales no sólo representaban una relación más intensa porque nos hablaban de lo que nos entusiasmaba en el presente y adelantaban lo que podría interesarnos en el futuro, sino que además nos hablaban en un lenguaje algo más sofisticado que el nuestro, pero comprensible; en resumen, eran un lugar para consultar, aprender y portar con orgullo un signo de identidad. No deseo dar nombres de publicaciones o articulistas porque cada quien tendrá sus favoritos.

Pero me refiero a una época que terminó. El momento actual permite lo opuesto, pues ensayar la estética de nuestra lengua, recomendar opciones musicales (o de cine, literatura, arte, televisión, etc.) y publicarlo puede ser realizado por quienquiera, ahora las plataformas son numerosas. Aunque la atención se diluye (no se puede abarcar todo y no todos tenemos puntos de vista interesantes) el riesgo de escribir vale la pena, tan sólo para medir cuánto sabemos, de qué manera lo sabemos y cómo hacemos para expresarlo. También para conocer a quién le interesa nuestro mensaje –pueden ser varias personas, o nadie, o yo mismo en el futuro.