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martes, mayo 26, 2015

Gracias al olvido



Laurence Demaison, Méditation n°. 7

Como el efecto de un espejo imaginario vi mi reflejo en una fotografía de esa persona que casi no sonreía, hablaba sin ánimos y no se esforzaba por destacar –nosotros la conocíamos como 'la chica sin chiste'. Me pregunto qué ha hecho todos los días desde que la vi por última vez y por lo menos confirmo que si su vocación era ser olvidada o pasar desapercibida, la cumplió con éxito. Asimismo, me pregunto por todas aquellas personas a quienes conocí y afortunadamente hoy me han olvidado: soy su amigo y me identifico con ellos, de ser posible yo tampoco recordaría quién soy. En un extraordinario cuento sobre el insomnio titulado ‘Now I lay me’, Ernest Hemingway relata que su personaje Nick Adams se entretiene rezando un Padre nuestro por cada persona que conoció durante su vida, desde el primer recuerdo hasta el más reciente; me parece un gran ejercicio pero estoy por lo opuesto: agradezco al olvido porque hundió para siempre tardes de melancolía, personas sin nombre pero cuyo rostro identifico, pequeños triunfos o errores, sucesos malogrados o frustraciones. No debe ser tan malo que la mayoría de las cosas que hacemos se disuelvan en la nada –quizá algunos buscábamos eso .

martes, enero 20, 2015

Dónde aprendimos a leer


I wrote this book and learn to read. 
-William Faulkner, Introducción a The sound and the fury

Ricardo Piglia citó la frase de Faulkner para cerrar su libro de ensayos titulado Formas breves y parafraseó sus palabras para afirmar que escribir ficción le ayudó a leer mejor a sus maestros (los escritores argentinos Roberto Arlt, Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges, principalmente). A su vez, Faulkner, en el texto citado, dijo que aprendió a leer y jamás tuvo necesidad de descubrir cosas nuevas, todo lo que había que aprender estaba en Flaubert, en Dostoievski y en James. No intento ponerme a la altura de dos escritores excelentes como Piglia y Faulkner, pero coincido  con ellos en que escribir permite valorar a un texto desde una perspectiva más completa –el objetivo, se entiende, es escribir con claridad, o mejor, con responsabilidad.
(Vía)
Como generación, acaso tengamos dos raíces en materia de lecturas: los libros de lectura de la SEP y las revistas musicales –supongo que no todos tuvimos la oportunidad de tener libros ni preocuparnos por los clásicos de la literatura universal en nuestra infancia. En primer lugar, la experiencia de los libros de lectura fue importante para haber visto, por primera vez al menos, nombres como Rulfo, Arreola, Cortázar, Ibargüengoitia o Gorostiza y relacionar al español con la belleza. En cambio, las revistas musicales no sólo representaban una relación más intensa porque nos hablaban de lo que nos entusiasmaba en el presente y adelantaban lo que podría interesarnos en el futuro, sino que además nos hablaban en un lenguaje algo más sofisticado que el nuestro, pero comprensible; en resumen, eran un lugar para consultar, aprender y portar con orgullo un signo de identidad. No deseo dar nombres de publicaciones o articulistas porque cada quien tendrá sus favoritos.

Pero me refiero a una época que terminó. El momento actual permite lo opuesto, pues ensayar la estética de nuestra lengua, recomendar opciones musicales (o de cine, literatura, arte, televisión, etc.) y publicarlo puede ser realizado por quienquiera, ahora las plataformas son numerosas. Aunque la atención se diluye (no se puede abarcar todo y no todos tenemos puntos de vista interesantes) el riesgo de escribir vale la pena, tan sólo para medir cuánto sabemos, de qué manera lo sabemos y cómo hacemos para expresarlo. También para conocer a quién le interesa nuestro mensaje –pueden ser varias personas, o nadie, o yo mismo en el futuro.


jueves, octubre 16, 2014

Cómo llegué a la entrada número 45

(X)


Todo el tiempo, incluso hasta este día, me han parecido admirables las personas que aparte de escribir, tienen el valor de hacerlo público para que lo lea alguien más –no importa la cantidad de personas que lean. No me refiero a los escritores o a los columnistas en los periódicos, porque en cierto modo, ellos son profesionales y al menos reciben una paga por sus textos, al contrario, pienso en quienes escriben sin ese interés económico, con el objetivo de construir o generar alguna reflexión o a contribuir con ideas. En cualquier caso, siempre es mejor expresarse. En mi opinión, esa expresión no debe ser violenta ni procaz porque así sólo se construye algo negativo; tampoco debe surgir desde la ignorancia porque la equivocación resta interés y en consecuencia, credibilidad. Quisiera que entre mis conocidos, hubiera más con ánimo y tiempo para expresar sus pensamientos de manera más extensa, no con el objetivo de exhibir ni imponer criterios, tan sólo para generar un diálogo.
Este espacio surgió como una inquietud y un reto para saber sobre qué podía escribir y cuánto. La intención de que fueran textos breves fue para que pudieran leerse casi en un golpe de vista. Dudo que algo de lo que escribí desde diciembre hasta este momento haya sido interesante ni enriquecedor, máxime si se toma en cuenta que hay blogs especializados en una enorme cantidad de temas: desde cómics y carteles de cine hasta expertos en lápices (estos son mis favoritos) pasando por blogs sobre música, sobre lo que sucede en la ciudad, sobre arte, fotografía… En este momento el futuro es tan incierto que no sé si volveré a escribir aquí la siguiente semana, o el próximo mes, o el año que viene, o nunca más. O quizá simplemente hasta que encuentre algo atractivo para exponerlo en este espacio. Para terminar, agradezco especialmente a quienes tuvieron la amabilidad de leer con atención o comentar en alguna de las entradas anteriores.

sábado, abril 26, 2014

Yo vemos esto


“I took this picture of myself looking at the mirror. It was very hard as my hands were trembling.” Anastasia Nkolaevna, 1914

"La Foto-retrato es una empalizada de fuerzas. Cuatro imaginarios se cruzan, se afrontan, se deforman. Ante el objetivo soy a la vez: aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean, aquel que el fotógrafo cree que soy y aquel de quien se sirve para exhibir su arte."
-Roland Barthes, La cámara lúcida

Yo. El rostro que veas se compondrá de varios momentos. Es el que elegí entra varias tomas, después de decidirme por esta prenda y el cabello así y luego así; acerqué el mentón a la clavícula, ensayé una sonrisa y levanté los ojos a la cámara que contiene mi teléfono y que sostengo con el brazo extendido. Es un poco absurdo hacerle gestos al reverso del teléfono, pero busco lo que se registra del otro lado. Lo que ves es la toma que más me gustó, después de numerosos intentos y varios minutos frente al espejo. La gama de conductas es amplia, desde la seducción más o menos descarada al más fino desdén. Ya lo ves, la imagen es mía pero ya no me pertenezco. Si resulta convincente, su eficacia se medirá en likes (pulgar arriba, corazoncito).
Yo. No se trata de ver a cientos de personas, sino de observar la misma cantidad de cuadros diminutos: mi tarjeta de presentación es mi sonrisa, son mis ojos, es mi pareja, es el lugar donde estuve. Todos esos rostros fueron alguna vez compañeros míos en la primaria secundaria preparatoria o universidad, del trabajo, amigos de la infancia o conocidos en fiestas; es terrible imaginar un larguísimo pase de lista de mi pasado. Casi todos eligieron una forma semejante para ser vistos o recordados. Selfie es mejor palabra que autorretrato porque ésta es estruendosa y larga, en cambio, la otra es tersa y breve, más adecuada para la época en que vivimos. La palabra designa lo que las imágenes evidencian, se elige el rostro para representar y eso involucra gestos y actitudes, ángulos, filtros; otra explicación: la selfie es un testimonio que contiene al tiempo, donde se guardan los cambios y donde se expresa la constante novedad. También es la prueba del concepto que cada quien tiene de sí mismo. Y así las explicaciones abundan.