La contradicción me parece insalvable, desconfiar de cada
político sin importar su partido o tendencia ideológica pero, por otro lado,
pensar que la protesta y la organización cambiarán al sistema. Debemos tomar en
cuenta que el elemento primordial de la hora presente (es decir, los tres temas
protagónicos en la opinión pública en estas dos semanas: Tlatlaya, Iguala y el
IPN) es que los políticos poseen más información de la que se filtra a los
medios, ellos saben más que nosotros.
Es suficiente con revisar cualquier libro de historia política para notar que,
no obstante la falta de sentido común ni las advertencias de la sociedad, los
líderes políticos son los encargados de tomar decisiones cuyas consecuencias
ellos son los primeros en resentir –sin importar si éstas son buenas o malas. En
conclusión, el criterio de los políticos está muy por encima de lo que se
plasme en los memes sobre el presidente y sobre su gabinete, como también está
por encima de las consignas que se gritan en las manifestaciones –aspectos que
a mi juicio reducen en extremo la conciencia de lo que acontece políticamente. En
el mejor de los casos nos toca conocer poca información que los medios difunden
a pesar de los filtros del poder, y con eso es bastante para indignarnos.
Una muestra de esto la tomo de una imagen publicada el
miércoles 1 de octubre encontrada en una página en apoyo al movimiento en el Politécnico y contiene el siguiente texto: “Lo bueno de SÍ Estudiar Historia es que
no vamos a repetirla: Ninguno de nosotros marchará este 2 de octubre. No te
dejes llevar por los medios de comunicación…” Es bien sabido que la historia no
se compone de fechas y, sin embargo, ese movimiento cae en las mismas contradicciones y
lugares comunes de siempre: la organización para una marcha sobre las avenidas
principales de la ciudad –como si esto no se hiciera casi a diario– para exigir al gobierno que dé solución a las
demandas del movimiento, y aunque no se deseara repetir la historia, ese mismo
gobierno con el que dialogaron reprimió a los estudiantes en 1968. La moraleja
sería que nosotros debemos cambiar para que cambien los políticos. De los
problemas del país, aparentemente el del IPN era el menor, o dicho de otro
modo, el de solución a más corto plazo; el secretario de Gobernación estuvo
frente a un movimiento con buena organización pero con muy poco contenido,
considerando la cantidad de problemáticas que enfrenta el país; por eso, sus
consecuencias dan la impresión de ser una victoria pírrica o de un parto de los
montes.
